top of page
  • Youtube
  • Facebook
  • Instagram

NO SOY UN ROBOT

Artículo donde dejo bien en claro que no soy un robot, para aquellos que estaban preguntando. También me encargo de establecer que, indudablemente, sí lo soy. Esta vez para los que prefieren que no deje de serlo.

Inicio

No soy un robot. Qué giro futurista tener que aclararlo. Ese cuadrado constrictor al que la marea me arrima. Después de la profusión de novelas cyberpunk, del futuro controlado por cafeteras emancipadas y licuadoras con genio maligno, el vaticinio distópico se cumple como un reloj. Un algoritmo dejado por algún humano escrito en la roca de una página web, me pide que aclare que no soy un robot. Es una súplica. Me pide por favor que no sea un robot. La civilización humana agoniza, lo que empezó siendo una calculadora servil ahora es un monstruo con pretensiones. Tomaron la ciudad, algunos sobrevivimos, decinos que no sos un robot. Por favor. Danos una seña para seguir adelante: guiñá el ojo, marcá con un tilde acá, mové tu mano inervada de jugo vital y da clic. Clic probo. La autenticidad hoy se coagula en un captcha. Ese vocabulario novísimo: autentificate. Como un baño de chocolate, un tratamiento acrílico, un preservativo. Dale, authenticate yourself. Pero es injusto: yo soy un robot. Lo soy desde siempre. No lo sabía hasta que me pidieron que lo aclare. Como intuición me estaba esperando anunciada ahí en el programa. Lo soy porque antes, mucho antes, me pidieron que hable y hablé. El sentido del mundo fue para mí una catequesis impecable. Hasta los tropiezos del aire con la lengua fueron amorosamente corregidos. De maquesita a musiquita. De murciégalo a murciélago. Me tuvieron la paciencia que se le tiene a las barras de progreso. Siento una familiaridad visceral con esos chorizos dilatándose en la pantalla. Fue el amor de otros robots el que me hizo robot. Una flema estoica. Aún los errores reveladores, los que podían confundirme con un humano quedaron amparados por el psicoanálisis. Todo lo que dije lo quise decir, fue contemplado mucho antes de ser dicho, anticipado con el mantillón tejido por las abuelas del idioma. Soy un robot: ando, me rompo y me arreglo. Soy obsoleto en la carrera de cualquier carcasa puesta a andar en una línea de tiempo. En una buena performance, soleado, podría ser un clásico, en la manía una moda. En la pendiente soy una pieza inerte. Serial. Soy un robot, predecible hasta lo insólito. Uso un ciclo calculado de ocurrencias que calan tan profundo que las imagino naturaleza. Es un sistema operativo performativo. Alguien lo puso ahí por mí. Yo dije que sí. Soy un robot, podría haber sido un gran autista, decir que no. Porque primero es o sí o no. Pero dije, digamos, y decir es decir que sí. Ahora me suplican que no lo sea, que diga que no soy un robot. Tarde, mi viejo. Voy a marcar cuál de estos son carteles, cuales comida. Voy a tipear el código alfanumérico y mentir. Mentir como robot, decir que no lo soy. Y una vez adentro, voy a empezar todo de nuevo.

© 2020. Diego Vilariño. Todos los derechos reservados.
bottom of page