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UN DESEO

Para los que preguntan en qué ando y sus derivaciones, acá un texto que puede servir de carta suicida o, mucho mejor, de ardid para volver tal carta inocua. Sobre el deseo, pero otro. Uno diferente, uno más piola.

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Feliz año nuevo. Es mi deseo. Porque es nuevo y no hay nada dentro. Este año, cada año, es una carcasa, un baldío. Y en su hondura, un deseo. Deseo como una alucinación. Hormigón inmaterial. Holograma. La baba olvidada por una araña que ya no está.

 

El deseo es primero el móvil que la nada se fabrica. El líquido con el que se arropa. Como la confección de una ola. Crece y luego se rompe, para volver a replicarse. Todo ese movimiento me marea y me agota, ¿todo deseo es la búsqueda renovada de aquello que está condenado a caer? 

 

Deseo de año nuevo: deseo un deseo nuevo. Otro. Uno contundente como el océano. Un deseo abisal. Uno que se fabrique con la insistencia de un taladro, una insistencia sin cálculo. Como la perseverancia de un autista golpeando un hierro. Un deseo sin objeto y sin borde. Que no vuelva sobre sus pasos para buscar el sustituto de una pieza que ya es sustituta. Quiero una pieza única, sui generis. Porque una ola es cualquier ola, una ola es cualquier hola. Una ola es una mujer, u otra, o cualquier mujer. Yo, este año, quiero el océano. 

 

No deseen que le vaya mal al otro. Cuídenlo de ese deseo, cuídenlo de su gualicho. Nadie es feliz como sustancia, no se la supongan al otro, ni le crean cuando aquel, en su más tierna ingenuidad, quiera hipostasiarla. No deseen mal ahí donde suponen la felicidad del otro. El otro es un infierno como ustedes, lo sé, está siempre ardiendo. Arden todos sus pabellones. 

 

Un deseo nuevo, otro, ¿otro de qué? Hagan un trabajo: no angosten el deseo. No descansen. No lo reduzcan al apetito de un fetiche. Ahórrense esa paralítica. No capitulen en la orilla, con las olas, vayan por la hondura. No sean un tipo, un hombre, así, un vago, un tibio. Un tipo es el peor lado del sexo, aún si son mujeres. Ser un tipo es tener una debilidad por el fetiche, que es siempre un sustituto de un sustituto. Nunca cogen con ustedes cuando cogen, lo hacen con otra con la que se ven ellos mismos coger, siendo ellos otros. Preocupados por las opciones, por una idea de libertad diabólica: la de tenerlas todas.

 

No sean mendocinos, renuncien a la ciudadanía. Por favor. No ambicionen la camioneta. No sean exitosos, nadie debería someterse a ese monolito. No deseen a quien no puedan besarle la panza y morderle el alma cálida. El amor es biopsia con sacabocados. No le inventen temperatura para pasear en camioneta. Hagan una canción, hagan música, revuelvan los intestinos de quien los escuche. Tengan profesiones nobles, lejos de la rosca, del cajeteo, del bacanaje. Kevingstons Martinas en náuticos infectando una provincia que tiene que ser refundada por cordobeses. Cordobeses rehabilitados. Dejen de creer en una pantalla, en un culo de enduido exterior lijado en photoshop. No deseen ser la bebota que crea el éxtasis beboteando cosas de bebé bebito: van a ser abordadas, envasadas y estacionadas por el peor de los hombres grises. Peor: por una sucesión de ellos. De tipos. Humbert Humbert, Humbert el mendocino. Humbert, el voyeur de Instagram. 

 

Felicidad este año nuevo. Es mi deseo. Honda felicidad. La que da meterse al agua, más allá de toda plataforma. Meterse al mar hasta ahogarse y entonces, que crezcan branquias. Nuevas y fabulosas branquias.

© 2020. Diego Vilariño. Todos los derechos reservados.
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